Carta a José Sacristán
- Diego Servin Tovar

- 11 sept 2024
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 31 oct 2024
Cuautitlán, México, a 11 de Septiembre del 2024
Le escribo estas breves palabras señor Sacristán desde mi pueblo natal en México. Es la hora en que la gente descansa en este lado del mundo, pero también es la hora en que hacen efecto los sorbos del café; y a uno nomás se le va la noche pensando en los desamores del presente y añorando los amores del pasado. Es el momento profundo y silencioso de la madrugada en que las ideas y las palabras desveladas revolotean como parajitos atolondrados dentro de la cabeza de uno. Así que para que no se me escaparan, tuve que atraparlas en esta carta, o más que carta... texto; porque déjeme decirle una cosa: no le escribo con la esperanza de que me lea, sino con el fin de dedicarle a usted; esta porfiada y friolera trasnochada. O sea, que le escribo porque si, porque se me da la gana.
También le escribo porque, como ya se lo hago saber, soy fan suyo y de sus películas; así, en ese orden. Por otro lado, quiero decirle que... ¡Lo quiero mucho! Se lo digo honestamente. ¡Y cómo no hacerlo, si parece un espejo...! Donde uno se puede mirar. He pensado mucho estos días; harto, con melancolía y ternura; sobre dos de sus personajes que muestran la condición humana y la dignidad del artista, ese que siempre vaga con el futuro incierto. Ya sea como Martín Marco en La colmena; ó, Carlos Galván en El viaje a ninguna parte. El primero, un hombre de letras, escritor, de pensamiento surdo, que ni un duro tiene para pagar un corriente con leche, pero que dignamente se atreve a pedirlo y beberlo en el café de doña Rosa. ¡Porque eso si; aquí, en España y en cualquier lado del mundo; sabemos que los cafés así como las cantinas, son esencialmente los lugares de encuentro más democráticos que pueda haber! ¡A nadie se le niega la entrada y menos el socorro de proveerle un trago al que ni un quinto lleva consigo! Sin embargo, Martín Marco será echado del lugar, por su "indecencia" de estar pobrísimo, más que el acto cometido en sí mismo. Se va por las calles madrileñas, muerto de frío, ni abrigo ni sombrero lleva. Sólo va con sus letras y las letras de otros. Con un cuarteto de un soneto de Juan Ramón Jiménez alegra-entristece a una prostituta enferma y soñadora. Es un poeta empedernido, hombre sentimental. Le confieso José, que ese mismo verso he intentado recitárselo a una mujer, pero algo se me atraviesa en la garganta y en la boca; y me enmudece. Quizá sea su indiferencia y su altivez, que jodidamente me apuñalan el alma.
Su segundo personaje, el de El viaje a ninguna parte, es un actor de una compañía teatral; familiares y vagabundos todos, andan de pueblo en pueblo; y amenazado su arte ya que cada vez tienen menos público. Carlos Galván es un mentiroso sin remedio (y por necesidad), modifica las fechas, los hechos de su juventud, inventa amores, discursos, recrea cosas que nunca sucedieron, relata cómo se catapultó al éxito su ficticia carrera en el cine. Todo eso como un antídoto ante el hambre, las pérdidas, los desencuentros y los fracasos que tanto duelen. Su amigo Maldonado (interpretado por Juan Diego Ruiz Moreno), le dice: "Tu oficio es mentir"; "Nunca has estado en Venecia o en Berlín... todas esas son fantasías que has dicho". Pero, sin embargo, también le consuela: "Dicen los que saben, que las fantasias también son verdades". Y entonces mirando la pantalla uno puede comprende y querer a Galván, porque en realidad hay algo de él en cada uno de nosotros: a veces con fantasías tenemos que componer nuestra realidad. ¡Gracias José Sacristán...! (o ya entrado en confianza puedo llamarle cara de acelga), por reflejar mis vulnerabilidades, pero también mis sueños, en ti y en ellos (tremendos personajes), yo me veo; y gracias sobre todo porque ahora sé... que no estoy solo. Le mando un abrazo fuerte e inagotable, para que cruce el atlántico y le llegue hasta allá; en Chinchón, en Madrid, o en donde quiera que usted se encuentre.
Atentamente: su muy humilde fan y servidor Diego Servin Tovar.

José Sacristán en La colmena (1982) y El viaje a ninguna parte (1986)



Comentarios